lunes, 7 de julio de 2014

Los Misterios del Hombre y de la Mujer.

En el hombre y en la mujer se suceden unos misterios que viéndolos uno desde donde se desprendieron ellos, la mujer, que se desprendió del Espíritu Santo y el hombre del Cristo, vemos que el Espíritu Santo se desdobla en la Madre Kundalini y ella se desdobla en la mujer. El Padre se desdobla en el Cristo, y Él se desdobla en un varón. La mujer recibe un potencial energético del Altísimo, si es que ella tiene un equilibrio, y desde luego, principios cristianos. Cuando la mujer empezó a ser influenciada por la civilización y todas las trampas que la culturización trae, empezó el matrimonio a andar mal, porque dejó de recibir del Sacratísimo Espíritu Santo aquello, y empezó a recoger dentro de sus sentimientos y su comportamiento psicológico y emocional, todo lo que le rodea, que si el peinado, la pintada de las uñas, el pintalabios, etc. Anteriormente ella era la que traía de allá, del Espíritu Santo, ese potencial, lo depositaba en su corazón y lo compartía con su esposo. La palabra hogar viene de “hoguera”, porque es un fuego que es el Espíritu Santo.

El hombre en los antiguos tiempos recibía de su esposa aquello. La mujer no está dada para que sea gobernadora, alcaldesa, presidente, etc., porque esas son cosas dadas al hombre para que luche afuera, no en este núcleo que se llamaría un hogar y que lo comparten dos personas en iguales proporciones. Las personas que están muy comprometidas con la sociedad, verán esto como algo anticuado, pero no lo pueden ver como algo anti–cristiano, porque lo que nos interesa a nosotros no es conformar un pueblo para presentárselo a una sociedad degenerada, sino preparar un pueblo para presentárselo a Dios.
Esta mujer recibe el Espíritu, lo alberga en su corazón, se lo transmite al hombre, y al hombre le sale del corazón lo que va hacer en la sociedad.
En las mayorías de los matrimonios el hombre tiene que abrirse paso, recibir de arriba y dar, porque no tiene un complemento que le transmita eso. En una humanidad equilibrada esta es la forma en que actúa la divinidad, teniéndola en un hogar, porque ella, la mujer, es un Altar donde el Espíritu oficia.

¿Acaso no nacimos de una mujer?, ¿acaso nuestros sentimientos no nos los fortalece una mujer?, ¿no es una mujer que nos pone a dar vueltas alrededor de ella por muy machito que uno sea?, ella es la que le da el Amor al hombre para que en su corazón se geste la voluntad de Dios, la grandeza de Dios, y él le pueda dar a los demás.

El día que hagamos eso nos encontraríamos con esa terrible realidad Samaeliana de que la mujer es un Templo. Es necesario que cada varón aprenda a ganarse el corazón de una mujer, y si no es así vivimos divorciados, no de la mujer física que tenemos, sino de la Madre, porque cuando nosotros no le damos a la mujer el valor que tiene, la Madre no puede estar integrada en su totalidad con el hombre, porque está haciendo a un lado la representación física que ella tiene como Dios.