1º. Lo primero que una mujer aspira a tener en su vida es una casita, y es deber del hombre tenérsela. Si la mujer es un Altar, lo primero que ella debe tener en su casa es un Altar, porque es el reflejo de ella. Luego de tenerlo debe orar en él, y ese Altar donde ella ora está en el corazón del hombre, o, ¿Es que la mujer se enamora más por la presencia o por la moral de ese hombre?, Donde la mujer encuentra eso que ella quiere, ahí es donde ora. Esa mujer debe ver ese Altar en el corazón de su hombre. La mujer es un templo donde el hombre oficia, pero en el corazón de él está el Altar donde ella ora. Cuando una mujer se entrega a un hombre lo que hace es darle lo que ella tiene: “Amor”, y ¿Dónde deposita el hombre ese amor?, En el corazón.
Para una mayor ilustración sobre este tema, recomendamos el estudio de la Joya 30 del Dragón Amarillo, entregada por el V.M. Lakhsmi en Agosto de 1999.
2º. La mujer debe ser Templo para el Sacerdote.
3º. La mujer debe ser maestra del marido y de sus hijos: las principales cosas que el hombre aprende en la vida se las enseña la mujer. Un hombre de mundo, las historias que cuenta son historias con mujeres. En el momento en que uno nace, la madre nos empieza a enseñar hasta que el niño comienza a tener roce con los compañeros, y se acabó. Cuando el hombre se casa, la mujer le enseña a que tenga cuidado.
4º. La mujer tiene que madrugar más que el hombre: La naturaleza nos enseña que cuando está amaneciendo, el lucero de la mañana auxilia a la naturaleza avisándole a todas las criaturas que el patrón viene, o sea el Sol. El “Sol” de la mujer es el esposo. El hombre siempre se acuesta más tarde porque la mujer se acuesta a descansar mientras el hombre ve qué es lo que hay que atente contra la tranquilidad de la casa.
5º. La mujer debe de esmerarse cada día más en aprender el oficio de preparar la comida. A la comida hay que ponerle mucho amor, en ese momento de la preparación, la mujer debe concretarse a que ese alimento fortalezca el
cuerpo físico y el alma de su esposo y de sus hijos.
6º. La mujer debe tener un buen aseo: A una mujer bien ubicada su Madre Divina no se le retira ni un instante, y a la Madre no la podemos tener revestida con cosas que no sean de su agrado. La mujer debe usar esencias que le agraden a ella, debe tener un aseo perfecto, compartir sus gustos con el esposo.
7º. La mujer es el Evangelio y el hombre es la Religión: no hay religión que no estudie un evangelio, ni un evangelio que no pertenezca a una religión.
8º. Si no hay una integración entre la pareja, no vamos a dar una nota para llegar a Dios. Para nosotros llegar a Dios tenemos que estar integrados en armonía, Dios hembra y Dios macho.
Hay que Saber Callar.
Hay cosas que las parejas manejan muy a la ligera, por ejemplo: un hombre que se siente como “medio frío” con la esposa, y dice: “pero no, yo me le arrimo a otra y me siente bien”; y van y se lo dicen a la esposa ¡Qué barbaridad!. Enseguida la mujer guarda y dice: “éste conmigo está viviendo a la fuerza”, y la mujer enseguida, psicológicamente, se puso fría. Eso no se lo digan a la mujer, que son mecanismos del ego de la persona. Eso mata un estímulo que esa persona siente hacia la otra.
Por ese proceso todo el mundo pasa, y entonces los matrimonios se acaban, porque no son capaces de aguantar eso callado hasta que pase, porque es un ego que se siente defraudado, y viene ese rechazo.
Cuando uno está pasando por esa etapa, en vez de correr a decírselo al otro, trabaje sobre ese yo, reconociendo que esa es su esposa, “es la pareja que Dios me dio y no la voy a cambiar por nadie”, etc., y ese proceso pasa. Si comete la brutalidad de comparar a su pareja con otra que tuvo, enseguida cae en ese estado que son etapas psicológicas, cuestiones mentales de esa persona.
La Magnetización: Una Ayuda Formidable.
Hay una práctica que se hace para superar esos estados, y consiste en que los esposos se acuestan desnudos, se acarician, se hacen de todo, y no practican (no consuman el Arcano). Así como el ego lo quiere manejar a uno, uno juega con él, y entonces lo hace cuando uno quiere, no cuando el ego lo incita. Así aprende uno a salir de esas etapas. Al ego hay que manejarlo con otra psicología más brava que la que él le aplica a uno.

